9 cuentos navideños para contárselos a tus niños en esta Navidad

9 cuentos navideños para contárselos a tus niños en esta navidad

Los niños son quienes más celebran la llegada de la Navidad, y tanto los padres como los abuelos disfrutan compartir con ellos durante estas fechas. Por lo tanto, una de las costumbres más comunes es contar cuentos de Navidad mientras los niños están sentados en el suelo alrededor de la persona quien los lee. Muchos de estos cuentos tienen moralejas y lecciones para que los niños aprecien el significado de la Navidad.

En vista de ello, en este artículo encontrarás 9 cuentos de Navidad para niños que podrás leer durante las reuniones familiares. Incluso, puedes compartirlo con amigos y personas cercanas para así reforzar el entretenimiento de los pequeños y que disfruten de momentos gratos con la familia o los seres queridos.

El perrito callejero

Había una vez un perrito chiquito en la calle que se veía muy triste. Estaba abandonado por ser feo, pues ningún niño lo había querido adoptar. El perrito busca su comida en la basura con mucho miedo porque algunos niños, por crueldad, le tiraban piedras para asustarlo. Un día, el perrito vio a 3 señores quienes vestían unos trajes brillantes y lindos. Parecían que tenían mucha comida y, como también se veían ser buenas personas, el perrito los siguió en su camino.

Atravesaron montañas, desiertos, ríos y bosques. Con mucho cansancio el perrito se preguntaba cuándo llegarían a su casa, y pensó que los señores estaban perdidos, pues sólo seguían una estrella que veían en el cielo. Durante la noche llegaron a una casa muy humilde. El perrito se dio cuenta de que la estrella que seguían estaba encima de ese hogar. Adentro estaba una señora hermosa y un señor alto de barba frondosa.

Se acercó para ver más detenidamente y se dio cuenta de que había una cuna pequeña con un bebé recién nacido quien no dejaba de llorar. Los 3 señores se acercaron a darle obsequios, pero el niño siguió llorando. El perrito se acercó poquito a poco al niño y puso su hocico encima de él. El bebé vio fijamente los ojos del perrito y dejo de llorar. ¡Comenzó a reír a carcajadas y a jugar con su hocico! “Es noble ese perrito. Dejémoslo” Dijo María, aquella hermosa señora. Desde entonces, el perrito ha conocido lo que es el calor de un hogar y el aprecio de la familia: su mejor regalo de Navidad.

Cuento de navidad el perrito callejero

La lección de Jaime

Jaime era un niño muy caprichoso. Durante varias semanas no hacía más que pedir juguetes y grandes regalos porque sabía que se acercaba la Nochebuena. Sus padres intentaban explicarles que el trineo de Santa no podía tener tanto peso y que los otros niños también merecían tener obsequios.

Llegó la Navidad y toda la familia se ha reunido para celebrarlo. Días antes, los padres de Jaime le escribieron a Santa y le pidieron que le trajera todos los regalos que pidió, así él estaría muy ocupado abriendo los obsequios, por lo que sus amiguitos y primos no jugarían con él. ¡Y así sucedió! Jaime estuvo toda la mañana abriendo los regalos mientras que su familia celebraba, baila, jugaba y se divertían sin él. Cuando quiso empezar a jugar con los otros niños, simplemente lo ignoraron.

Desde entonces, Jaime entendió que de nada sirve tener muchísimos juguetes sino tienes con quien jugar. Que los momentos más bonitos de la Navidad se disfrutan en familia y dándoles un fuerte abrazos a quienes más queremos. Los juguetes le alegrarán por un rato, pero su familia siempre estará ahí para él.

Cuento de navidad la leccion de Jaime

El arbolito de la Navidad

Había una vez una familia muy humilde que vivía en un pueblo pequeño alejado de la ciudad. Cuando se acercaba la Navidad, ellos no tenían mucho dinero para comprar comida, regalos y adornos. Uno de los niños de la familia dijo que quería comer pavo al horno y tener algunas luces para su arbolito de Navidad.

En vista de ello, un día, el padre de la familia estuvo pensando en cómo ganar dinero para cumplir ese deseo de Navidad. Se le ocurrió una idea y fue rápidamente a agarrar su hacha para empezar a cortar pinos en el bosque, pues comenzaría a venderlos como árboles de Navidad. Con el dinero de la venta de esos pinos, podrá comprar el pavo y las luces de decoración.

A la mañana siguiente, el hombre fue al bosque, cortó 4 pinos y los llevó hacia el pueblo para comenzar con la venta. Al faltar un día para Navidad, todavía no le habían comprado ni el primer pino. Se sentía muy triste, pero al final, decidió que como no había podido vender los pinos, se los regalaría a las familias más pobres del pueblo. La gente agradeció muchísimo el regalo y le dieron fuertes abrazos.

En la noche de Navidad, al regresar a su casa, el hombre se encuentra con dos sorpresas encima de su mesa: ¡Era el pavo y al lado un árbol pequeño decorado con las luces más brillantes que él jamás había visto! Su esposa le dijo que alguien muy bondadoso le había dejado una nota: “Gracias por regalarnos felicidad con los árboles de Navidad. Ojalá también seas muy feliz con este pequeño presente”. La familia empezó a celebrar muy alegre y cocinaron el pavo para tener una de sus mejores cenas navideñas.

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La brújula de Papa Noel

La historia comienza el 24 de diciembre a las 8:00pm en el Polo Norte. Los elfos envolvían los regalos y los colocaban dentro del trineo. Papa Noel verificó que estuviesen todos los obsequios y llamó a sus 6 renos y a Rodolfo, el reno especial de la nariz roja. Subió al trineo y exclamó: ¡Alcen el vuelo! ¡Esta noche llevaremos ilusión y regalos a todas las casas del mundo! Y así emprendieron el viaje.

Al emprender una de sus primeras paradas, Papa Noel se dio cuenta de que su brújula estaba dañada. “¡No puede ser! Era la única brújula que tenía ¿Ahora como sabremos el camino?”. Rodolfo escuchó a Papa Noel y le respondió: “¡No hay ningún problema! Llegaremos bien a todos los destinos. Con mi nariz roja podremos ver en la oscuridad”. Rodolfo siempre había querido ser guía del trineo y, a pesar de las dificultades y el miedo, dirigió el viaje a la perfección.

Al terminar de entregar los regalos, Papa Noel le dijo a Rodolfo que los guiara de vuelta a casa. Llegaron muy rápido y, en la puerta del Mundo Mágico, los elfos le hicieron un presente a Papa Noel: ¡Una nueva brújula! Papa Noel la recibió con una gran sonrisa en la cara y respondió: “¡Jo, jo, jo! Muchas gracias por este regalo, pero ya tengo una mejor brújula… ¡Rodolfo! Ven aquí”. Los elfos aplaudieron a Rodolfo y él se acercó para abrazar a Papa Noel. Desde entonces, su amistad ha sido inseparable.

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El mejor regalo de Santa

Érase una vez un niño llamado Pablo quien vivía feliz porque cada año Santa Claus le obsequiaba los mejores regalos. No obstante, su vecino, José, no tenía la misma felicidad en su rostro. Un día Pablo le preguntó a José qué juguetes le había traído Santa en Navidad. José se quedó en silencio y Pablo supo la respuesta.

¿Cómo es posible que Santa no le dejara ningún regalo? Desde entonces Pablo esperó al año siguiente para conversar con Santa y preguntarle si no tenía suficientes regalos para todos los niños. Cuando la Navidad llegó otra vez, Pablo esperó a Santa justo al lado de su chimenea. Escuchó los cascos de los renos aterrizar sobre el tejado y a Santa cayendo sobre los escombros de ceniza y polvo.

Cuando Santa vio a Pablo se sorprendió, y el niño con total seriedad le preguntó: “Santa, ¿no tienes suficientes regalos en tu trineo para todos los niños? Mi vecino, José, no recibió regalos y por eso no está tan feliz como yo”. Asombrado, Santa Claus vio a Pablo y le exclamó: “Eres un niño muy bueno y dulce, es por eso que eres uno de los primeros niños que visito. Como veras mi saco es mágico y, a pesar de que visito a cada niño, no puedo dejarles juguetes. En sus hogares hay mucha tristeza, y mis juguetes no son suficientes para cambiar eso”.

Pablo escuchaba atentamente las explicaciones de Santa, a lo que él sigue agregando: “A esos hogares les llevo algunos de los mejores regalos que puedo dar: amor, ilusión, alegría y esperanza. Son regalos que no se pueden ver, pero se pueden sentir si reciben la magia de la Navidad”. Pablo al escuchar esas palabras entendió perfectamente lo que tenía que hacer. Le dio la mano a Santa para despedirse y decirle: “Esta bien, Santa. Compartiré mis juguetes con José y también el espíritu de la Navidad con mi amistad y alegría”. Santa dibujó una pequeña sonrisa para Pablo y se desvaneció.

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Castañas en apuros

En cada invierno, la Señora Rabbit ponía su puesto de castañas en un cruce de la aldea llamada Animaland. Su llegada anunciaba que en pocos días llegaría la Navidad. A todos los niños les gustaba estar cerca de su puesto trabajo para así sentir el calor del horno y ver cómo se cocinaban las castañas sin quemarse nunca. A las 5 de la tarde, aparecía el Señor Fox con las servilletas que utilizaba la Señora Rabbit para envolver sus castañas.

No obstante, un domingo comenzó a llover. La lluvia empezó con pocas gotas y después fue ganando mucha intensidad. Algunos valientes se acercaban con sus paraguas a buscar sus castañas. Sin embargo, los charcos eran cada vez más grandes y después, no se podían cruzar la calle.

La lluvia fue tan fuerte que destruyó el puesto de la Señora Rabbit. Ella preocupada comenzó a gritar pidiendo auxilio. Desde el cielo la escuchó el Señor Bird, quien sintió compasión por ella y fue rápido a ayudarla. Descendió el vuelo y le pidió ayuda a su familia para que no perdieran de vista la cesta de las castañas. Asimismo, el Señor Fish también le ayudó, pues al conocer muy bien el rio, supo la ubicación exacta.

Como las castañas eran un símbolo muy bonito que anunciaba la Navidad, varios animales de Animaland ayudaron a colocar nuevamente el puesto de la Señora Rabbit. Ella se sintió muy conmovida y le dio las gracias a cada uno. Desde ahí comprendió la importancia de la solidaridad y la empatía.

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El milagro de la Navidad

Todo comenzó cuando una profesora decide asignarles una tarea a sus estudiantes durante la llegada de la Navidad. Cuando terminó la clase, la profesora exclamó: “¡Es momento de compartir! Así que llevemos alegría a todos los niños que podamos”. Fue así como los estudiantes se animaron a cumplir con la tara de la profesora y salieron a comprar algunos regalos, los cuales, envolvieron y colocaron dentro de un saco.

En Nochebuena, los estudiantes decidieron que irían hospital más cercano para entregar los regalos pues allí habían muchos niños que querrían uno. Se disfrazaron de Santa Claus y de pequeños elfos para así poder entrar con alegría al hospital. Ellos habían calculado una docena de niños, pero en realidad habían muchísimos más.

Los estudiantes no sabían qué hacer. No tenían suficientes juguetes para todos los niños, pero tampoco se iban a ir sin cumplir con la asignación de la profesora. Por lo tanto, empezaron a repartir los juguetes a los niños más pequeños, y si le explicarían lo sucedido a los niños más grandes. Pero la sorpresa fue que los regalos nunca se acabaron. Cada vez que revisaban el saco, había un regalo más. Todos los niños recibieron su juguete. Los estudiantes estaban asombrados, y como no encontraron una lógica para ese suceso, afirmaron que se trataba de un milagro de la Navidad.

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Pequeño caos en Navidad

El Polo Norte se encontraba en serios problemas. Una semana antes para la noche de Navidad, las cartas seguían llegando pero los regalos aún no estaban totalmente listos. La Sra Claus, esposa de Santa Claus, vivía al borde de la angustia. Ella tenía que distribuir la carta a los duendes, elfos, hadas, enanos y gnomos para que ellos buscaran el regalo solicitado dentro de los almacenes mágicos. Luego, estos debían estar dentro del saco de Santa para que él los comenzará a repartir por el mundo.

El lugar mágico de Santa Claus estaba agotado. Todos estaban trabajando arduamente sin descansar. Cada año era más exigente que el anterior y todos comenzaban a creer que los niños ya no sabían imaginar por la cantidad de regalos que pedían. Santa Claus, al ver este escenario, decidió llamar a todos quienes hacían los juguetes y les hizo mirar el cielo. En él proyectó la carita de todos los niños del mundo.

Los duendes, enanos, gnomos, hadas y elfos veían el cielo con gran alegría y escuchaban detenidamente la risa de cada uno de los niños. Casi al instante recobraron las fuerzas y comenzaron a trabajar nuevamente. Recordaron por qué estaban trabajando tan duro. La ilusión de los niños es la verdadera magia, es lo que mantiene vivo al mundo fantástico del Polo Norte. Se fijaron que son los pequeños detalles los que hacen la diferencia y dan paso a la ilusión. ¡Ese es el verdadero espíritu navideño! Cuando los niños dejen de soñar e imaginar, la magia desaparecerá.

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Sólo eso

Sebastián lloraba muy fuerte y comenzó a gritar cuando se dio cuenta de que faltaba uno de los regalos que le había pedido a Santa Claus. “¡Quiero mi camión!”, es lo único que se escuchaba entre tanto llanto. “Sebastián, Santa Claus tiene que repartir otros juguetes. ¡Mira todo lo que tienes! Deberías sentirte contento por todo lo que te ha traído”, le dijeron sus padres intentado calmarlo, sin embargo, no funcionó.

Esa misma noche Sebastián se fue sin cenar y a medianoche se despertó por un ruido que escuchó del techo. Se asombró muchísimo cuando observó que era Santa Claus. “Hola, Sebastián. ¿Ya se te pasó la rabieta?”, exclamó aquel abuelo de barba blanca y traje rojo. Sebastián no sabía que decirle, se había quedado en silencio.

No obstante, el niño agarró fuerzas para comentarle: “¿Viniste a traerme el camión que me faltaba?”. Santa Claus lo empezó a ver por encima de los lentes que cargaba y le respondió: “A ver, jovencito, vine a hacerte una propuesta: ¿Quieres ir conmigo a repartir los regalos que me faltan? Me vendría muy bien tu ayuda”. Sebastián lo miró sorprendido pero con mucha emoción aceptó ir con él. Desde el trineo detalló todas las luces de la ciudad, y con un grito de Santa Claus, los renos comenzaron a descender sobre una casa humilde y sencilla.

“Vamos a dejarle su regalo a Margarita”, le susurró Santa Claus a Sebastián. Los dos entraron a la casa y dejaron una hermosa muñeca encima de unos zapatos desgastados. “¿Sólo le dejarás eso?”, preguntó Sebastián. “Sólo eso” afirmó Santa Claus. “Cuando ella despierte y vea la muñeca, será la niña más feliz del mundo”. Estuvieron repartiendo juguetes sencillos durante toda la noche, y Sebastián no preguntó nada más desde que escuchó esa última frase. Despertó de repente y vio que estaba su mamá en el cuarto, a lo que él le preguntó: “¿Se ha ido Santa Claus?”. “Sí, claro, después de dejarte los regalos ayer”. Sebastián miró por un rato sus regalos y fue corriendo a abrazar a su mamá. Cerró los ojos y sonrió. Aprendió que, con poco, también se puede ser feliz.

Cuento de navidad solo eso

Como puedes observar, cuentas con 9 cuentos de Navidad que te servirán en caso de que quieras leerles una lección navideña antes de dormir o después de abrir los regalos de la Nochebuena. Todos los cuentos tienen pequeñas moralejas que puedes conversar con el niño para que desarrolle valores como la empatía, solidaridad, trabajo en equipo y compresión.

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